Si conociéramos el signo zodiacal de Xalapa, ¿cuál sería?

Por: Roberto Lara D. 

 

El cielo de Xalapa, hermoso y sereno en verano, inspira melancolía desde el mes de diciembre hasta el de febrero; cada vez que el viento del norte sopla en Veracruz, cubre un espeso brumazón a los habitantes de Xalapa, y entonces,  baja el termómetro hasta 5 o 6 grados. En la estación de los nortes, muchas veces se pasan 2 o 3 semanas sin ver el sol ni las estrellas. (Fragmento de las crónicas de Alexander Von Humboldt de su paso por Xalapa, Veracruz)

 

Hace algún tiempo, escuché decir a una persona que si Xalapa tuviera signo zodiacal, sin lugar a dudas sería Géminis; afirmación que me llamó la atención, puesto que soy todo un géminis asumido; así que al principio no comprendí si se trataba de un halago o de una ofensa; así que la reacción obvia y obligada fue preguntar directamente, con el ceño fruncido y con gesto de “cuidado con lo que respondes”: el porqué de tal aseveración. La respuesta, he de confesar, no fue menos sorpresiva, simplemente dijo: -pues porque es voluble y cambiante-, en primera instancia intenté refutar, sin embargo, cuando el reconocimiento de tales atribuciones llegó a mí, se hizo acompañar de un sonrojo por demás evidente.

 

Y es que, atendiendo la definición que hace la Real Academia de la Lengua sobre la palabra voluble, se encuentra que, entre otras acepciones, refiere a alguien de carácter inconstante; y no existe verdad más cierta, pues todo geminiano sabrá, que al amanecer tenemos un humor, al medio día otro y por la noche uno muy distinto, claro, además de la capacidad de “saltar” entre uno y otro sin mayor problema. Así, Xalapa es una ciudad que sabe “brincar” entre humores; uno puede despertar por la mañana y saciar sus ojos con cielos rayados en colores púrpuras y anaranjados, matices que son provocados por la llegada del sol, siempre reluciente, rara vez incandescente. Sin embargo, llamará la atención para los foráneos, que los jalapeños siempre salimos de casa con un suéter ligero y, algunos precavidos, con un paraguas; esto debido a que seguramente por la tarde, correrá aire frío y, por la noche, lloverá sin remedio. Es decir, nos hace transitar de una cálida alegría matutina, a una fresca melancolía vespertina.

 

Por otro lado, Xalapa se ha modificado en pocos años, se puede decir que se trata de una pequeña gran ciudad, pues tiene los elementos esenciales de toda metrópoli: plazas, cines, tiendas de autoservicio y departamentales, restaurantes gourmet y grandes franquicias; pero sin perder su sentido tradicionalista y lleno de folklore. Condición poco curiosa debido a la composición e integración de su gente, puesto que al ser la capital del Estado, su población se teje de personas llegadas de zonas cercanas, Estados circundantes, e incluso, al ubicarse aquí los campus principales de la Universidad Veracruzana, una importante cantidad de extranjeros que llegan a estudiar. De esta manera, Xalapa se caracteriza por ser una mezcla de ideologías, creencias, tendencias y personalidades; de la misma forma en que puedes ver a un saxofonista regalando su música en las calles principales, puedes toparte con bailarines, grupos de reggae que mezclan el género con instrumentos como la jarana o la marimba, pintores callejeros, teatros ambulantes, bailes populares y danzoneras en plena plaza Lerdo, e incluso, con estatuas vivientes que hacen correr a los paseantes con el dramatismo de sus disfraces.

 

De esta manera, la ciudad crece siempre pensando en una población heterogénea; por ello no es de sorprender que en el primer cuadro de la ciudad convivan espacios dedicados a quienes les gusta bailar salsa, los de música electrónica, rock y pop; sitios cubanos, árabes, chinos o japoneses, cafeterías inspiradas en Francia, España, en lo tradicional y lo familiar o las alternativas, que sólo venden productos orgánicos y se ufanan de sus “tocadas” de son jarocho; así como, quienes preparan comida mexicana y veracruzana, como las picadas, empanadas, tamales, tostadas o enchiladas. A su vez, Xalapa se presenta llena de contrastes, de colores, aromas y sabores; uno puede salir a un paseo por el centro y encontrar un callejón dedicada a la artesanía popular y local, tomarse un aromático café veracruzano ahí o bien, caminar unos pasos y comer una pizza al puro estilo italiano; también, se puede visitar una de las viejas vecindades de la ciudad, que de vez en vez, organiza grandes fiestas en donde se bebe “torito”, suena el son y se baila el zapateado. Pero, si lo suyo no es el folklore, también hay lugares dedicados a las luchas, los santos, el pulque y la diversidad; en donde bien se puede tomar una cerveza, una copa o uno de los muy populares “shots” de preparados de caña y licores.

 

Esto es Xalapa, una ciudad –voluble y cambiante- llena de contrastes y luces, en donde la jovialidad se circunscribe a la historia, en el que, el verde, aún inunda los sentidos y el colorido de las flores hastían la vista. Un lugar curioso, artista, enamorado, romántico y sorpresivo; ese tipo de ciudad, en la que un gato podría gobernar y un beso, se convierte en una manifestación pública de insatisfacción popular; en donde el frío invita a buscar calor, y tan extrema es, que si de casualidad llega a encontrar un jalapeño en Xalapa, será prueba de que la suerte le acompaña. Xalapa, una ciudad que definitivamente, si tuviera signo zodiacal, sería Géminis.

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